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La educación financiera, el vehículo necesario para el crecimiento socioeconómico

Javier Poveda | septiembre 8, 2020 | 0

La educación financiera es una asignatura pendiente en España desde hace muchos años. Más de la mitad de los españoles son incapaces de calcular el interés de una cuenta de ahorro, desconoce los efectos de la inflación o no logran entender la letra pequeña de una tarjeta de crédito. 

Si queremos a personas adultas que tomen buenas decisiones con su dinero, debemos empezar a combatir este analfabetismo financiero desde las etapas más tempranas, es decir, desde el colegio. Si educamos a nuestros niños en materia económica y les enseñamos a reconocer el valor del dinero, es muy probable que en su edad adulta tengan los conocimientos necesarios para administrar correctamente sus finanzas personales.

La propia OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) estimaba en uno de sus informes que los hogares menos endeudados y con capacidad para generar mayor riqueza eran aquellos con un grado mayor de cultura financiera.

¿Cómo debería ser la educación financiera en el colegio?

Promover la educación financiera desde el colegio es una necesidad. Los niños y niñas deben aprender una serie de conocimientos que les permita ser individuos informados y capaces de gestionar correctamente su dinero en su etapa adulta. De lo contrario, los estamos condenando a una incultura financiera que sólo puede acarrearle problemas.

En este sentido, Unicef elaboró recientemente un Marco Internacional de la Educación Financiera para los Niños y Jóvenes en el que ofrecía una descripción detallada de las actitudes, capacidades y comportamientos esenciales en los diferentes niveles de desarrollo de un niño. 

En este manual explicaba que los niños de entre 0 y 5 años debían interiorizar conceptos como el valor del dinero, los precios, el ahorro o las posesiones. Más adelante, entre 6 y 9 años deberían aprender a diferenciar entre necesidad y deseo, a elaborar un plan de ahorro o a reconocer los bancos y los servicios financieros.

En un tercer nivel, entre 10 y 14 años, Unicef recomienda que la educación financiera vaya encaminada a lograr que los niños sean consumidores informados, que sean capaces de hacer una planificación financiera a corto plazo y que entiendan los riesgos financieros o los efectos de la publicidad.

Por último, los jóvenes mayores de 15 años deben desarrollar capacidades de negociación, comprender el poder adquisitivo, saber calcular tipos de interés y a identificar los delitos financieros. Como parte de su educación financiera, también deben entender conceptos como salarios, necesidades de capital, mercadeo, empleabilidad, adaptación al cambio o capacidad de gestión.

 

La educación financiera en casa, un reto para los padres

La educación financiera no debe limitarse al colegio, sino que también debe fomentarse en casa. Son muchas las herramientas de las que disponemos como padres para promover la cultura financiera en nuestros hijos. 

Estos son algunos ejemplos de actividades que podemos hacer con niños pequeños que aún no han llegado a la adolescencia:

 

  • Darles una paga semanal para que aprendan a gestionar por sí mismos su dinero. El importe dependerá de su edad.

 

  • Pedirles que nos acompañen al supermercado y hacerles ver el valor de los productos y alimentos que habitualmente ven en casa. Puede ser buena idea dejar que ellos paguen con dinero en efectivo.

 

  • Involucrarlos en las tareas domésticas, con un horario preestablecido de entrada y salida, y ofrecerles a cambio un salario

 

  • Usar juegos adaptados a su edad que fomenten la educación financiera. También podemos usar herramientas online dirigidas a este fin. La web Finanzasparatodos.es del Banco de España es una de nuestras favoritas.

 

Según crezcan nuestros hijos podemos introducirles conceptos cada vez más complejos que les ayuden a entender el funcionamiento del dinero y a tomar decisiones financieras inteligentes. Te damos algunas ideas que puedes inculcarles a tus hijo o hija adolescente:

 

  • Enséñale a hacer un presupuesto personal en el que anote sus ingresos y sus gastos. Insístele en la importancia de tener bajo control sus gastos diarios.

 

  • Haz que entienda la diferencia entre activos y pasivos. El popular libro Padre rico, padre pobre de Robert Kiyosaki puede ser una lectura muy recomendable.

 

  • Enséñale las ventajas de ahorrar y el peligro de vivir “al día”. Una buena forma de conseguirlo es proponiéndole retos de ahorro u obligándole a posponer una compra hasta que consiga ahorrar una determinada suma de dinero.

 

  • Ayúdale a entender el concepto de interés compuesto y cómo este puede hacer que el dinero se multiplique a largo plazo.

 

  • Ayúdale también a comprender el peligro de la deuda en todas sus formas: préstamos al consumo, tarjetas de crédito, hipotecas, minicréditos…

 

  • Haz que entienda los distintos medios de pago que tiene a su alcance (efectivo, tarjeta de débito, tarjeta de crédito…), sus pros y sus contras.

 

  • Incúlcale el significado de conceptos fundamentales como factura, nómina, contrato, seguro, impuestos…

Los incuestionables beneficios de la educación financiera

En algún momento de sus vidas, nuestros hijos empezarán a trabajar y a ganar dinero, usarán la tarjeta de crédito, se comprarán un coche y una casa, contratarán productos financieros en un banco o se casarán y crearán una familia. Si han disfrutado de una buena educación financiera es más probable que tomen buenas decisiones económicas en relación a estas cuestiones.

La cultura financiera les ayudará a ahorrar una parte de sus ingresos todos los meses, a gestionar de forma óptima su dinero, a consumir de forma responsable, a evitar las compras impulsivas o a conocer los peligros del sobreendeudamiento y las ventajas de la inversión.

En España aún tenemos mucho trabajo por delante para alcanzar el nivel de formación financiera idóneo. Según el último Informe Pisa, los niveles de educación financiera de nuestros jóvenes se sitúan por debajo de la media mundial y muy lejos de países como China, Bélgica, Canadá, Rusia o Holanda. 

Es responsabilidad de todos, tanto de los organismos públicos, como de las entidades financieras privadas y de las familias, promover la educación financiera para acabar con este problema.

 

 

 

 

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