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Inflación y bajos tipos de interés : cambios en nuestras carteras modelo Profile

Frédéric Dupuy | febrero 1, 2021 | 0

En base al análisis de los resultados ofrecidos por nuestro modelo cuantitativo (Black-Litterman), cuyo objetivo es maximizar el rendimiento esperado a largo plazo de las inversiones teniendo en cuenta distintas limitaciones de riesgo, y de acuerdo la estrategia establecida por nuestro Comité de Inversión, hemos decidido ajustar el Asset Allocation de nuestras seis carteras Profile. Los cambios más significativos conciernen a las carteras más conservadoras.

 

Un nuevo fondo

 

Por primera vez, invertimos en el mercado de bonos soberanos europeos ligados a la inflación, a través del fondo de la gestora BlackRock IE00B4WXT857. Es un fondo indexado (gestión pasiva), con una calificación Morningstar de cuatro estrellas, y con un coste total (TER) de 0,13%. Hemos seleccionado este fondo de forma independiente: no cobramos nada por parte de la gestora por haber elegido este fondo, sencillamente pensamos que es el mejor fondo para invertir en este mercado. Accedemos a su clase institucional, es traspasable, y los intereses y cupones devengados por los bonos se reinvierten automáticamente dentro del propio fondo (fondo de “acumulación” o de “capitalización”). Su rentabilidad en el año 2020 ha sido un +3,2%.

 

 

El valor de los bonos soberanos europeos ligados a la inflación reside en un mejor binomio rentabilidad-riesgo que los bonos normales en un escenario de repunte de la inflación. Además, también añaden diversificación por los efectos de descorrelación que puedan tener con los demás activos de las carteras, lo que permite un pilotaje más eficaz del riesgo total.

 

Inflación y bajos tipos de interés

Estamos viviendo desde hace muchos años en un mundo con una inflación muy baja, y desde hace años, frente a políticas monetarias siempre más acomodaticias, se habla del riesgo de que la inflación reaparezca. Desde los primeros Quantitative Easings de finales de 2008 (EEUU) y 2009 (Europa) se viene señalando que la inflación debería repuntar pronto, pero hasta ahora no ha sucedido. Si la inflación no ha repuntado, pese a estas inyecciones de liquidez e incentivos monetarios, es porque nuestras economías han tenido que comenzar saneando y restableciendo la solvencia de su sistema bancario, y por lo tanto, gran parte de ese dinero se quedó en el balance de los bancos para fortalecerlos. Otra parte del dinero ha sido invertido en activos financieros (acciones, bonos), así que el camino de los estímulos hacía el bolsillo de los ciudadanos no ha sido del todo fácil. También es cierto que el nivel de desempleo por un lado y las nuevas tecnologías sumadas a la globalización de las economías y del comercio por el otro lado, han permitido mantener los salarios bajo presión. Por eso, pensábamos que el riesgo de inflación era bajo y así ha ocurrido hasta hoy.

La crisis del Covid-19 ha obligado a los bancos centrales a activar una nueva serie de estímulos monetarios importantes, por lo que, de nuevo, debemos preguntarnos si esta vez la inflación puede ser una amenaza. Sin prever ningún escenario de repunte especialmente veloz o potente, pensamos que ahora conviene ser prudente respecto a este riesgo que percibimos como algo más real que antes. El ahorrador e inversor conservador (depósitos, renta fija) podría verse perjudicado en caso de que esto ocurra, y puede  que al final sea él, y no tanto el contribuyente, quien pague la factura de los planes de recuperación económica y estímulos monetarios. No existe ningún instrumento financiero que permita una cobertura perfecta contra el riesgo de inflación. En cierto modo, la renta variable contiene «dentro de sí» parte del antídoto y a largo plazo es una buena solución para protegerse contra la inflación. Sin embargo, las carteras conservadoras, por limitación de riesgo de volatilidad, no se pueden permitir una excesiva exposición a la renta variable y por eso hemos decidido incluir en las carteras White y Grey un fondo de bonos europeos ligados a inflación. De momento, adoptamos una conducta expectante e iniciamos esta nueva estrategia con una inversión mínima (apenas un 5%) puesto que consideramos que se trata de un riesgo todavía bastante remoto.

El segundo cambio importante en las carteras concierne el riesgo de duración. La duración se puede entender como el plazo medio de los bonos en cartera, y el riesgo de duración como su sensibilidad ante una variación de tipos de interés. Cuanto más largo el plazo, más sensible el precio del bono a un cambio en el tipo de interés. Actualmente los tipos en Europa están muy bajos, en mínimos, por lo que en caso de subida tendrá momentáneamente un impacto negativo en los bonos, y cuanta más larga la duración, más negativo el impacto. Aunque no pensamos que los tipos de interés vayan a subir ni muy pronto, ni muy fuertemente, igual que en el caso de la inflación, preferimos ser prudentes y reducir el riesgo por la asimetría de la situación: poco que ganar, mucho que perder. Dado que los tipos de interés son bajos , el «coste» de esta prudencia no es muy elevado. Es la razón por la cual traspasamos inversiones del fondo de Crédito Europeo de Largo Plazo hacia otros mercados menos volátiles o de menor duración, y también marginalmente hacia el mercado de bonos High Yield que combina menor duración y mayor rentabilidad. La exposición de las carteras a la Deuda Pública de Largo Plazo, tanto Europea como Estadounidense, permanece nula a espera de una visión más clara y segura del futuro de las políticas monetarias en los dos continentes.

Un último ajuste, menor, concierne la Renta Variable, cuyo peso se incrementa ligeramente en las carteras de riesgo intermedio a través de una mayor inversión en acciones de Small Caps (pequeñas y medianas capitalizaciones) que suelen tener un buen desempeño en las fases de recuperación de los ciclos económicos.

 

 

Nuevas carteras modelo

Estos ajustes se han implementado en las carteras de nuestros clientes durante la última semana del mes de enero. Estas son las nuevas carteras modelo vigentes:

 

 

Hay cosas que no cambian

Si bien es cierto que nuestra gestión dinámica implica algunas modificaciones en las inversiones, sea el peso de un mercado en la cartera, o un cambio de fondo para acceder a un mismo mercado, hay cosas que no cambian. Son los pilares de nuestra filosofía de inversión:

  1. Carteras altamente diversificadas. Repartimos el patrimonio de nuestros clientes entre catorce mercados internacionales de acciones y de bonos. A su vez, los fondos que seleccionamos invierten de forma extremamente diversificada, en particular en el caso de los fondos indexados. Por ejemplo, el fondo Vanguard de acciones de Países desarrollados invierte en más de 1.600 empresas, y la cartera 40 en más de 10.000 acciones y bonos a nivel global. Más diversificación es menos riesgo.
  2. Costes radicalmente bajos: el TER medio de las carteras varía entre un 0,17% (cartera Red) y un 0,36% (cartera White), un 0,30% de media entre la seis carteras.
  3. Un modelo híbrido que combina fondos gestión pasiva y fondos de gestión activa: nos aprovechamos de lo mejor de ambos mundos.
  4. Una visión de largo plazo y una gestión dinámica y sistemática basada en un modelo cuantitativo.
  5. Una independencia real para poder seleccionar libremente los mejores fondos.

 

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