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Fintech y la banca tradicional, ¿competidores o coopetidores?

Asier Uribeechebarria | febrero 5, 2018 | 0

 

Cuando hablamos de compañías aéreas low cost, automáticamente se nos viene a la cabeza una de logo amarillo sobre fondo azul que encarna algunos de los valores negativos del sector. Sin embargo, las dos aerolíneas con mayor índice de puntualidad del mundo son precisamente low cost. Y es que en ese club de compañías de bajo coste encontramos algunas como Iberia Express (filial de Iberia), Germanwings (filial de Lufthansa), o Niki (filial de AirBerlín) que se encuentran a medio camino entre las aerolíneas tradicionales y las low cost, ofreciéndonos lo mejor de ambos mundos. Algo similar está sucediendo en el mundo de las fintech.

 

Las fintech surgieron como una alternativa a la banca tradicional y poco a poco están pasando de ser enemigos a aliados necesarios ante la amenaza de las llamadas big tech. Decíamos hace unos días que el gran desafío de las fintech es alcanzar una masa crítica de negocio que les permita competir con esas big tech, que disponen de mucho capital, flujo de caja, tecnología, presencia global y capacidad casi ilimitada de innovación y explotación del Big Data y la inteligencia artificial. Y son los bancos tradicionales precisamente los que pueden ofrecerles esta masa crítica.

Hasta tal punto han llegado a aliarse que para un tercio de las fintech españolas su cliente final son entidades tradicionales, lo cual está teniendo como principal consecuencia un gran ahorro de costes para ambas partes.

Los anglosajones han acuñado un término que viene como anillo al dedo a la situación. Ellos hablan de “coopetición” (mezclando las palabras cooperar y competición) refiriéndose a dos competidores que colaboran de forma puntual para aprovechar una oportunidad para ambas partes. Las fintech ofrecen a los bancos la flexibilidad, capacidad de adaptación y conocimiento tecnológico, mientras que los bancos les ponen en bandeja a las fintech una base de clientes que permiten acercarse al camino de la rentabilidad.

Tal es este nivel de coopetición que los grandes bancos están tomando posiciones en el capital de muchas de estas startups y empresas de fintech líderes. En el sector de los roboadvisors tenemos los ejemplos de Scalable Capital y FutureAdvisor (participadas por BlackRock) o Parmenion (adquirida por Aberdeen Asset Management).

Hoy en día ser una fintech no es una opción, sino una obligación. Ha dejado de ser el futuro para ser el presente porque la tecnología aplicada a las finanzas permite a las fintech una reducción importante de costes, democratizando servicios que antes sólo eran accesibles para unos pocos. Otras consecuencias positivas de la incorporación de la tecnología a las finanzas son un mejor control de las mismas, un mejor asesoramiento y también una mayor rentabilidad, ofreciendo un modelo de inversión científico con decisiones racionales y expertas, eliminando los errores habituales y los conflictos de intereses que penalizan la rentabilidad para los clientes de la banca tradicional.

Dentro del sector fintech, los roboadvisors como Finanbest han aprovechado la tecnología de Internet y las posibilidades de la automatización para poner al servicio del inversor un modelo de inversión hasta ahora al alcance de unos pocos privilegiados, eliminando los conflictos de intereses que puede tener la banca tradicional a la hora de seleccionar los activos de las carteras.

Es de esperar que las fronteras sigan difuminándose y que fintech y banca tradicional sigan coopitiendo para dar un mejor servicio al cliente a un mejor coste, de modo que en unos años las fintech más valoradas por costes y transparencia estén participadas por grandes bancos y que los grandes bancos sean punteros en la aplicación de las últimas tecnologías al mundo de las finanzas, siempre en beneficio del cliente.

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