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Ahorro, inversión, planificación

Leopoldo Abadía | febrero 11, 2020 | 1

Leopoldo Abadía para Finanbest

Por Leopoldo Abadía

 

 

 

En confianza, yo no me preocupé de la planificación financiera hasta que me casé. Soltero, hijo único, tenía resuelto el presente y pensaba muy poco en el futuro. Sin embargo, un amigo recuerda que, antes de tener novia, le dije: «cuando me case, tendré 12 hijos». 

Aunque parezca raro, nunca hablé del número de hijos con mi novia o con ella cuando nos casamos, pero vinieron los 12 hijos.

Como vinieron de uno en uno, mi mujer y yo descubrimos la necesidad de una planificación financiera poco a poco. 

Empezamos descubriendo la planificación a corto plazo. Dinero que tenemos hoy más dinero que va a entrar el mes que viene menos dinero que va a salir igual a dinero que tendremos a fin de mes.

Esto se instrumentalizaba con los célebres sobrecitos, unánimamente aceptados y llevados a la práctica por un porcentaje muy alto de los recién casados de entonces. Sobrecitos en los que poníamos dinero destinado a «Comida», «Electricidad», «Agua», «Arreglos», «Diversiones», «Varios»…

Hoy les llamaríamos «sobrecitos finalistas», porque, en teoría, cada uno tenía un fin. 

‘En teoría’, porque la vida es más amplia que la planificación. El sobrecito «Varios» y el de «Diversiones» eran los primeros que sufrían, con trasvases al sobre de «Comida» o al de «Arreglos».

El número de sobrecitos fue aumentando a medida que pasaba el tiempo y que iban llegando hijos. Colegios, ropa, servicio, desplazamientos, más comida, más ropa… A la vez, en mi caso, gracias a Dios, más variedad de ingresos, procedentes de la consultoría que formaba parte importante de mi actividad.

La familia crecía, la vivienda no y hubo que comprar otra en la que cupiéramos todos con una cierta comodidad, aunque en una familia tan numerosa, la comodidad, por principio, no existe. Esto añadió un sobrecito intocable: «Hipoteca». 

A la vez, había que pensar en que si no nos ocupábamos ahora, la jubilación podía no cubrir en el futuro los gastos de una vida normal. Porque el dinero entraba, pero salía a la misma velocidad y, con frecuencia, a más velocidad. Y ahorrar, metiendo el dinero en la hucha correspondiente -en el ‘cerdito’ del que hablaba en uno de estos artículos hace poco- era una tarea con grandes posibilidades de fracaso. La experiencia me decía, y me sigue diciendo, que llega la necesidad, rompes el cerdito, te gastas el dinero y se acabó el ahorro. O sea, que hay que ahorrar invirtiendo en algo -un plan de pensiones, un plan de jubilación…- que no te permita lanzarte al gasto desenfrenado. (Lo del ‘desenfreno’ es una exageración, porque en una familia se producen pocas tentaciones de gasto desenfrenado y muchas del ‘otro’, del necesario para cubrir las necesidades del día a día).

Total, que los sobrecitos dieron paso al presupuesto, con el que tratábamos de montar una planificación que tuviera en cuenta todo. (‘Todo’ quiere decir TODO, sin dejarnos nada).

El ‘modelo’ era el mismo: lo que hay más lo que va a entrar menos lo que va a salir. Y como hablábamos de tesorería, no nos importaba mezclar gasto corriente con inversión. Si entraba o salía dinero, se incorporaba al sistema, sin hacer distinciones.

Al principio lo hicimos ayudados por una simple calculadora. Luego lo informatizamos con un simple Excel, que nos permitía ‘dominar’ la situación en tanto en cuanto era ‘dominable’.

Lo que quiero decir es que un reparto de dividendos anunciado para el primer trimestre puede llegar cualquiera de los días de ese trimestre. Si ese ingreso está relacionado con un desembolso, lo normal es que la fecha de realizar el desembolso sea fija. La otra puede no ser fija y producirse un desfase desagradable.

Planificación flexible. Incluye todo. Ayuda a ‘dirigir’ tu vida económica y a no amargar la familiar. Saber que, dentro de 3 meses, tendrás una punta negativa, te permite tomar medidas -intentar adelantar un ingreso, retrasar un pago, las dos cosas a la vez, etc.-

 La planificación incorpora dos herramientas: el ‘seguimiento’ (comprobación de que lo que está previsto se cumple) y la reapreciación (comprobación de que lo previsto sigue vigente).

Los sobrecitos no eran ninguna tontería. Época simple, herramienta simple. 

 

Categoría: Leopoldo Abadía

Una respuesta a “Ahorro, inversión, planificación”

  1. Rafael dice:

    Don Leopoldo ,no sabia que era usted niño solo.Niño si y espero que por muchos años.A parte de bromas ,criar doce niños si que no es ninguna broma,y una verdadera empresa.Le felicito por ello y gracias por compartir conocimientos.
    !Salud y vaya usted con Dios ¡

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